El pRoFeSoR MoRiArTy ha vuelto. Vale, nunca se ha ido y sigue con esa extraña manía de hablar de sí mismo en tercera persona. Sí creías que después de FRiKiWoRLD se iba a callar para siempre vas listo. En esta nueva superproducción te invitamos a participar y a dejarte las neuronas escribiendo lo que te salga del modem. Bienvenidos a la trepidante aventura del sinsentido cibernético... bienvenidos a TeLeMaNdRiL.

sábado, diciembre 10, 2005

Primero dispara, después pregunta

Premisa número 1: todos los delincuentes son humanos.
Premisa número 2: todos los humanos son humanos.
Conclusión: todos los humanos son delincuentes.
Bastante tonto ¿no? Así a primera vista, cabe pensar que quien haga gala de semejante teoría como base de su trabajo, es simplemente gilipollas. Pues no, amiguitos, este modo de pensar no sólo se corresponde a los débiles de mente, a los gilipollas en general, a nuestros queridos miembros de la SGAE o los tontos del culo. Visto lo visto, también entran en ese saco de elucubraciones conspiratorias, del ser humano contra el arte, los responsables de las productoras cinematográficas que ven al espectador o al miembro de la prensa 'invitado' al preestreno de turno, como un peligroso delincuente ante el que sólo cabe, sino el control más absoluto, la presunción de culpabilidad y la mirada de reojo. Para muestra un botón: première de turno. Un férreo control sobre los periodistas que cubren el estreno pasa por una identificación que requiere expresa invitación previa. DNI, carnet de prensa, invitación, comprobación telefónica... vale, ha habido suerte. En condiciones normales, pasaríamos a ver la peli, y luego a casita que es tarde. Pero cabe la posibilidad que aún llevando los papeles en regla a ojos de la productora, fuésemos seres malvados e insolidarios y durante la proyección nos dedicásemos a grabar la peli vía cámara de vídeo, teléfono móvil con cámara o mechero espía para colgarla posteriormente en internet. Y como malo es fiarse de todo el mundo y peor aún si se trata de un plumilla, buscamos la solución. Esta diatriba se resuelve haciendo que todo quisqui que asista al preestreno pase por un detector de metales, sea registrado meticulosamente por un guarda de seguridad, y deje en un rincón a vista de los responsables de prensa de la productora el ábrigo, el bolso, el móvil y ya puestos las gafas, el tabaco, los zapatos y cualquier otro artilugio capaz de ocultar una minicámara, como tantas veces hemos visto en el cine. Y digo yo, ¿para cuándo preestrenos en plan nudista? Uno llega a la sala de la productora, deja su ropa en una taquilla, y en pelota picada se sienta tranquilamente a ver la película, ésta termina, se vuelve uno a vestir y aquí paz y después gloria. Aún así sería un avance, actualmente no hay taquillas para dejar los objetos susceptibles de captar imágenes en movimiento (teléfonos móviles, bolsos...), sino que estos han de ser dejados en un rincón que no esté dirigido hacia la pared en la que se proyecta la cinta. Y vuelvo a decir, si aún prometiendo que uno va de buena fé a ver la película y nada más y la productora no se fía, cuando me dicen que deje mi móvil, mi bolsa o mi abrigo en un rincón, ¿me tengo yo que fiar de que no me lo robarán?
Pero aún así siguen la sospechas... Lo que realmente debería hacer la productora es bajarse la película directamente de internet (para borrarla nada más verla, vive Dios) y ver la calidad de la copia, para que comprobasen que a día de hoy, en contadísimas y raras ocasiones uno se encuentra con una versión screener (grabada en una sala directamente de la pantalla) de las películas en cartel, sino que lo que uno se encuentra son los copiones (versiones definitivas del montaje) que son propiedad de la misma productora. El enemigo en casa. No creo que desconozcan el dato, así que en vez de tocar los cojones sobremanera a quienes van a cubrir el estreno para que luego hablen de la película y animen al público a que se gaste el dinerito, que se dediquen a buscar al que ripea los copiones y que le crucifiquen, que le arranquen los ojos y le destierren. Pero no, resulta mucho mejor el procedimiento rutinario, "perdondad que os registremos, os cacheemos y os tratemos como a delincuentes, lo hacemos sólamente por aparentar, somos nosotros los que pirateamos".
Y en el caso de los screeners, ¿no será más fácil que en una sala normal y corriente, y no en un pase de prensa, uno cuele una cámara y en la promiscua intimidad de la oscura sala en cuya entrada aún no exigen pasar por un detector de metales, se dedique a copiar la película? Pues las productoras no lo tienen tan claro, total, si lo hiciesen para evitar desvelar un final sorprendente, o los pormenores de una trama interesante... pero siguen mirando de reojo, hasta en casos como el preestreno de King Kong, como si a estas alturas nadie supiese su enrevesado argumento (un grupo de intrépidos aventureros encabezado por un chico, una chca y un graciosillo se van a una isla remota, allí encuentran un mono enorme que lucha con dinosaurios, que se enamora de la chica, es raptado por la troupe de intrépidos turistas, es exhibido no sin ciertos reparos en los Etas Unis, se escapa, siembra el caos, se sube a lo alto de un edificio, es abatido por unos aviones, se estampa en el suelo, muere, la chica llora y termina liada con el chico, fin). No será tan simple, amigo Moriarty, dirá alguno, sin duda muy educado. Pues nada, si tienes reparos en ir a verla al cine, busca en internet, que seguro que algún desaprensivo ya la ha colgado. Seguro que algún plumilla que logró superar las hercúleas pruebas a las que someten las productoras. No me extraña que primero disparen y después pregunten...

"Tened cuidado, Telemandril os vigila"

jueves, diciembre 08, 2005

El violín y la furia

Contemplando los increíbles tonos malvas y los aterciopelados naranjas con los que el día se despide hasta mañana, me sobrevienen las no menos impactantes notas del violín con el que Anne Sophie Mutter acaricia y adora el tercer movimiento del verano de las cuatro estaciones de Vialdi. Hoy la he venido escuchando de camino al trabajo, con el volumen del mp3 a 3/4 de su potencia, para que cada una de las acometidas de la virtuosa alemana sobre el Stradivarius se alzase sobre el ensordecedor y furioso ruido que los vagones del metro y de la RENFE perpetúan al desvirgar los túneles que horadan Madrid. Y el tema se acaba. Y entonces se me acaban las esperanzas por dar de mí una imagen refinada y tocada por a saber qué varita mágica que me ofrece poder disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Y no es que no los disfrute con cosas mucho más provechosas tanto en el plano espiritual como en el púramente físico, pero tras escuchar la última nota y abrir los ojos y darme cuenta de que me tengo que bajar en una estación para coger otro tren y después otro más POR LAS PUTAS OBRAS, emblema y significante de este rincón del planeta, me doy cuenta de que, por mucho que algunos hagan un esfuerzo, Madrid es una ciudad tercermundista, una jodida isla bananera de asfalto en la que alguien que en su maldita vida ha montado en metro o autobús (sin contar inauguraciones en las que todo funciona a la perfección) y sólo se mueve con chófer ha tenido la brillante idea de hacer todas las obras imaginables A LA VEZ. Que luego Madrid va a ser muy bonito, muy funcional y el resto de países del mundo se van a cagar de envidia. Desoyendo la pequeña vocecilla que me pide que siga manteniendo un tono cordial y alejado de la más soez sordidez, sólo encuentro una respuesta a esa idílica situación: por mis cojones. Se acabarán las obras de la M30 y empezarán las de la M40. Terminarán las de las líneas 2 , 3, 8 y 10 de metro y comenzarán con los cortes en la 4, la 5, la 6, la 7, la 9, la 11 y la 12. El megaintercambiador de la muerte de Príncipe Pío será una realidad (con problemas de atascazos, hagan sus apuestas), y se montará la de San Quintín con obras similares en Cuatro Caminos, o en Aluche. Se anunciará el fin de la huelga encubierta de los maquinistas de RENFE y volverán las huelgas oficiales. La N-V dejará de parecer una etapa del rallie de los 1000 lagos y empezarán a liarla con la carretera de La Coruña. El agua sustituirá a las grúas monolíticas en el Manzanares y éstas seguirán trajinando en las faraónicas obras del Metronorte y el Metroeste multiplicadas como los panes y los peces. Las obras del intercambiador interestelar de Sol no impedirán que la gente se tome las uvas delante del relojito de la Casa de Correos pero se preparará un proyecto similar para la Gran Vía (¿por qué no?). Con un poco de suerte, se confirma la pesadilla que tuvo Paco Rabanne para la entrada del nuevo milenio pero con un margen de error en cuanto al lugar y la fecha, se escoña la estación MIR en el centro de la península y tenemos obras para los siguientes 1.200 años. Ni un hogar sin lumbre, ni un madrileño sin una zanja o una valla que le joda de día y de noche. Y ante eso, ni Anne Sophie Mutter ni el mismísimo Vivaldi pueden hacer gran cosa.
¿Por qué demonios piensan que he tardado tanto en volver? Pues por qué va a ser, por las putas obras...

"Tened cuidado, Telemandril os vigila"

 

Sólo llevamos visitillas