Para tí que eres joven...
Con todo este rollo de códigos éticos y televisivos que últimamente parecen dotar de cierta moralidad a los medios de comunicación, los que nos gobiernan (política y audiovisualmente), preocupados por salvaguardar la inocencia de los más pequeños, desatienden las necesidades televisivas del resto de la sociedad. Tampoco es que hayan mostrado nada más, hace ya un par de semanas que entró en vigor ese código ejemplar que regulaba los contenidos televisivos de cara a proteger a los futuros ciudadanos del mañana y los medios siguen embadurnando la parrilla televisiva con la misma "telerrealidad" (o telebasura o cualquier otro símil de bazofia); pero eso sí, existe una "gran preocupación". Como decíamos, esta vergonzosa pantomima parece olviadarse de otros sectores. Pero por un momento, pongámonos en el pellejo de uno esos monstruos sin rostro que mueven los hilos de las televisiones y deciden la programación. Repartir cada hora y cada espacio siguiendo criterios generacionales no sería tarea fácil, pero imaginemos que, viendo lo que nos ofrece la caja tonta hoy en día, atendiésemos a cierto sentido común. Para los niños dibujos animados y muñecos de trapo haciendo el moñas. Para los jubilados culebrones y algún que otro concurso. Y para el resto de la población, entre los 15 y los 65 años todo lo demás. Pues resulta que no, que esos grandes personajes, llamémosles programadores (se les podría llamar tantas cosas...), tienen en cuenta a los jóvenes, qué dabuten tronsss, que los findes la primera nos regala el pograma más mejor de la teleisión mundiaaaaal... Por una vez y sin que sirva de precedente, me meto en el saco de los afectados. ¿Qué nos gusta a los jóvenes?
- Las drogas; eso no puede ser, es malo.
- Encontrar un trabajo digno y poder acceder a un piso sin embargarnos hasta los 497 años; ¿qué tipo de drogas? Porque antes de hacer un programa sobre trabajo y vivienda se hace de lo que sea.
- La cultura, vale, no cuela.
- La música; ¡¡DIN DIN DIN!! Nada del tipo "Gente joven", algo moderno, actual, provocativo, en la onda de toda la juventud con la que está tan comprometida la televisión pública.
Y hete aquí, oh cielos, que la televisión públiquísima provoca en la inquieta juventud española un irrefrenable deseo de que las semanas pasen volando para que por fin llegue el sábado por la mañana para poder disfrutar, oh yeah, de la panacea de los programas musicales. Con el tiempo ha cambiado de nombre, de llamarse "Música sí" a "Música Uno", siguiendo esa misma estrategia de márketing que convirtió a la segunda cadena de toda la vida en "La 2" (Esta cuestión publicitaria que ha de convencer de que en todos los niveles hay que ser el primero no les funciona muy bien, basta con ver los datos de audiencia que atesoran las dos cadenas de Prado del Rey en lo que va de año).
Desde siempre, hacer un programa musical es bastante fácil. Se ponen unos cuantos videos musicales, se repasa una lista de éxitos o ventas (allá el que se lo crea) y un grupo o cantante actúa en playback coincidiendo con la gira de promoción de su último trabajo o recopilación ante el público invitado. El hilo conductor entre estos espacios lo tejen los mágicos presentadores. Tratemos de trasladar estas premisas al fantabuloso espectáculo que nos ofrece Televisión Española cada sábado por la mañana.
- Videos musicales: en esto no hay complicaciones, los "artistas" graban sus videos, las productoras se los pasan a las televisiones y estas los emiten. Es aplicable a todo programilla que se quiera.
- Lista de éxitos: el mamoneo al 100%, aunque también aplicable a todo lo relacionado con la radiofórmula en plan "los nosecuantos principales". Casi nunca se siguen criterios de ventas. Los cauces de los que se sirven las productoras para sacar a sus pupilos a la vorágine del mercado son este tipo de programas, poniendo una cantidad X de dinero para que el disco en cuestión se mantenga en la lista un mínimo de tiempo determinado y que alcance, dependiendo del producto, el número uno en alguna ocasión. La gente entonces conoce ese disco, se lo compra y el artista programa una gira para ganar más dinerito.
- Actuaciones: aquí ya encontramos una diferencia sustancial entre "Música Uno" y cualquier otro programa musical. Si bien es cierto que en este espacio actúan cantantes y grupos normalmente, nos encontramos con una novedad rompedora. El presentador (me reservo para hablar de él para más adelante) nos introduce en el mundo del dance/trance/house/techno/rave/etc. de la mano de Dj's supuestamente conocidos por haber ganado algún premio en la disciplina de manejar los platos (sí, como Arguiñano). Entonces el despiporre está servido. El público, los quinceañeros más gañanes, macarras y lolailos de los pueblos de la geografía española bailan como descosidos el mismo ritmo machacón y bakaluli (por mucho que nos vendan house, dance, techno...) que nos regala a los oídos "DJ Macario" o cualquier otro garrulo de temible estampa. Comprendo este desenfrenado entusiasmo juvenil por bailar en este programa, dudo mucho que cualquier discoteca o bar de copas que tenga reservado el derecho de admisión deje que el selecto público de "Música Uno" ponga sus pies dentro. El que se haga el sábado por la mañana (no se si se hace en directo, a quién le importa) tiene la ventaja de que los zagales de pies inquietos vayan recién desayunados y tengan el estómago lleno para llevar bien a saber qué tipo de cátering que les tiene preparado la televisión de todos. Que no se me interprete mal, quién duda de las saludables costumbres de este público, por lo general, la juventud viciosa y dada a los placeres de la vida, a las horas en las que se emite el programa estamos intentando recuperarnos de la noche del viernes metidos en la camita.
- Presentadores: mi tema favorito. Imaginen un híbrido entre el calvo que anuncia la lotería de navidad y Gollum. Neil Solé, amén de presumir de haber ganado nueve discos de oro y dos de platino por su labor como pinchadiscos, presenta "Música Uno" desde el primer día en el que el productor tuvo la infeliz idea de llevar a la pequeña pantalla sus pesadillas musicales. Se le puede reconocer a la primera de cambio; el cráneo rapado, mangas "a la francesa", bastante siniestro y con la misma expresividad que la de la Dama de Elche. Su labor principal, además de presentar el programa, es la de tocarle los cojones al pinchadiscos que presenta toqueteando los controles del pitch de la mesa de mezclas (de tanto toqueteo así se le han quedado los dedos, cuya longitud sólo es comparable con la de los de Eduardo Manostijeras). Esta versión en baratillo del Kingpin de Daredevil siempre está acompañado de otra presentadora (de hacerlo sólo ¿quién demonios reiría sus gracias?), en esta última edición una niña muy mona (es lo único que se puede decir de ella), que responde al nombre de Ainhoa Arbizu, vivaracha licenciada en Comunicación Audiovisual en la universidad Pompeu Fabra a la que le tocó la bolita de la suerte para ganarse el pan a costa de los televidentes. Más locuaz y expresiva que su partenair, lo que tampoco resulta demasiado difícil, habrá que esperar para ver cuánto dura al lado del calvo de oro y platino. Para saber más sobre el tándem más moderno y juvenil, espejo de futuras generaciones, próceres de lo que está in, y del programa más marchoso y más comprometido con los jóvenes y con lo que les interesa, podeis echarle un vistazo a la página oficial del programa y de sus protagonistas, donde tienen la desfachatez de incluir el siguiente mensaje:
- Las drogas; eso no puede ser, es malo.
- Encontrar un trabajo digno y poder acceder a un piso sin embargarnos hasta los 497 años; ¿qué tipo de drogas? Porque antes de hacer un programa sobre trabajo y vivienda se hace de lo que sea.
- La cultura, vale, no cuela.
- La música; ¡¡DIN DIN DIN!! Nada del tipo "Gente joven", algo moderno, actual, provocativo, en la onda de toda la juventud con la que está tan comprometida la televisión pública.
Y hete aquí, oh cielos, que la televisión públiquísima provoca en la inquieta juventud española un irrefrenable deseo de que las semanas pasen volando para que por fin llegue el sábado por la mañana para poder disfrutar, oh yeah, de la panacea de los programas musicales. Con el tiempo ha cambiado de nombre, de llamarse "Música sí" a "Música Uno", siguiendo esa misma estrategia de márketing que convirtió a la segunda cadena de toda la vida en "La 2" (Esta cuestión publicitaria que ha de convencer de que en todos los niveles hay que ser el primero no les funciona muy bien, basta con ver los datos de audiencia que atesoran las dos cadenas de Prado del Rey en lo que va de año).
Desde siempre, hacer un programa musical es bastante fácil. Se ponen unos cuantos videos musicales, se repasa una lista de éxitos o ventas (allá el que se lo crea) y un grupo o cantante actúa en playback coincidiendo con la gira de promoción de su último trabajo o recopilación ante el público invitado. El hilo conductor entre estos espacios lo tejen los mágicos presentadores. Tratemos de trasladar estas premisas al fantabuloso espectáculo que nos ofrece Televisión Española cada sábado por la mañana.
- Videos musicales: en esto no hay complicaciones, los "artistas" graban sus videos, las productoras se los pasan a las televisiones y estas los emiten. Es aplicable a todo programilla que se quiera.
- Lista de éxitos: el mamoneo al 100%, aunque también aplicable a todo lo relacionado con la radiofórmula en plan "los nosecuantos principales". Casi nunca se siguen criterios de ventas. Los cauces de los que se sirven las productoras para sacar a sus pupilos a la vorágine del mercado son este tipo de programas, poniendo una cantidad X de dinero para que el disco en cuestión se mantenga en la lista un mínimo de tiempo determinado y que alcance, dependiendo del producto, el número uno en alguna ocasión. La gente entonces conoce ese disco, se lo compra y el artista programa una gira para ganar más dinerito.
- Actuaciones: aquí ya encontramos una diferencia sustancial entre "Música Uno" y cualquier otro programa musical. Si bien es cierto que en este espacio actúan cantantes y grupos normalmente, nos encontramos con una novedad rompedora. El presentador (me reservo para hablar de él para más adelante) nos introduce en el mundo del dance/trance/house/techno/rave/etc. de la mano de Dj's supuestamente conocidos por haber ganado algún premio en la disciplina de manejar los platos (sí, como Arguiñano). Entonces el despiporre está servido. El público, los quinceañeros más gañanes, macarras y lolailos de los pueblos de la geografía española bailan como descosidos el mismo ritmo machacón y bakaluli (por mucho que nos vendan house, dance, techno...) que nos regala a los oídos "DJ Macario" o cualquier otro garrulo de temible estampa. Comprendo este desenfrenado entusiasmo juvenil por bailar en este programa, dudo mucho que cualquier discoteca o bar de copas que tenga reservado el derecho de admisión deje que el selecto público de "Música Uno" ponga sus pies dentro. El que se haga el sábado por la mañana (no se si se hace en directo, a quién le importa) tiene la ventaja de que los zagales de pies inquietos vayan recién desayunados y tengan el estómago lleno para llevar bien a saber qué tipo de cátering que les tiene preparado la televisión de todos. Que no se me interprete mal, quién duda de las saludables costumbres de este público, por lo general, la juventud viciosa y dada a los placeres de la vida, a las horas en las que se emite el programa estamos intentando recuperarnos de la noche del viernes metidos en la camita.
- Presentadores: mi tema favorito. Imaginen un híbrido entre el calvo que anuncia la lotería de navidad y Gollum. Neil Solé, amén de presumir de haber ganado nueve discos de oro y dos de platino por su labor como pinchadiscos, presenta "Música Uno" desde el primer día en el que el productor tuvo la infeliz idea de llevar a la pequeña pantalla sus pesadillas musicales. Se le puede reconocer a la primera de cambio; el cráneo rapado, mangas "a la francesa", bastante siniestro y con la misma expresividad que la de la Dama de Elche. Su labor principal, además de presentar el programa, es la de tocarle los cojones al pinchadiscos que presenta toqueteando los controles del pitch de la mesa de mezclas (de tanto toqueteo así se le han quedado los dedos, cuya longitud sólo es comparable con la de los de Eduardo Manostijeras). Esta versión en baratillo del Kingpin de Daredevil siempre está acompañado de otra presentadora (de hacerlo sólo ¿quién demonios reiría sus gracias?), en esta última edición una niña muy mona (es lo único que se puede decir de ella), que responde al nombre de Ainhoa Arbizu, vivaracha licenciada en Comunicación Audiovisual en la universidad Pompeu Fabra a la que le tocó la bolita de la suerte para ganarse el pan a costa de los televidentes. Más locuaz y expresiva que su partenair, lo que tampoco resulta demasiado difícil, habrá que esperar para ver cuánto dura al lado del calvo de oro y platino. Para saber más sobre el tándem más moderno y juvenil, espejo de futuras generaciones, próceres de lo que está in, y del programa más marchoso y más comprometido con los jóvenes y con lo que les interesa, podeis echarle un vistazo a la página oficial del programa y de sus protagonistas, donde tienen la desfachatez de incluir el siguiente mensaje:
"Eres uno de los 41 amantes de la música que están conectados a nuestra web"
Manda cojones, para qué comentarlo.
Asimismo, el programa intercala entre sección y sección telepromociones y concursitos, del tipo números de pago 807 y mensajes a 0.90 € que tanto gustan en Televisión Española (como en todos lo canales). Si realmente se quiere acabar con la deuda que acumula el Ente público, podrían aprovechar también la psicosis colectiva del público de "Música Uno" cada vez que "DJ Waltrapas" o cualquiera de los que pinchan se pone a los platos, para cobrar entrada. Imaginen, 15 € entrada más copa, 10 € con flyer que conseguirás si te ponemos en casa un audímetro trucado que sólo recoja la señal de TVE. De nada, Carmen.
Al hilo de estas cuestiones musicales, hoy, día en el que ha pasado a mejor vida el Papa Clemente, aquél que desde el Palmar de Troya renegó de la doctrina católica por considerar que la iglesia de Roma estaba poseida por el Anticristo y los comunistas, una soterrada amenaza se cierne sobre el mundo en forma de profecía. El panorama de la peor calaña musical se ha visto enriquecido con la presentación en sociedad de un nuevo pseudogrupo: las "Nancys Rubias". Para comprender el nivel de basura que se puede esperar, en el pertinente artículo publicado en elmundo.es podrá comprobarse que el grupito sacó un disco porque "no les gustaba lo que ponían en las discotecas". Hay que joderse, porque temo no equivocarme al decir que en menos que canta un gallo, serán, junto con las Supremas de Móstoles, María Isabel y ese crimen que es el reggaetón, lo que sonará en todos los garitos del país. Acabo de encontrarle sentido a toda esta parrafada: ¡VIVA EL BOTELLÓN!
Asimismo, el programa intercala entre sección y sección telepromociones y concursitos, del tipo números de pago 807 y mensajes a 0.90 € que tanto gustan en Televisión Española (como en todos lo canales). Si realmente se quiere acabar con la deuda que acumula el Ente público, podrían aprovechar también la psicosis colectiva del público de "Música Uno" cada vez que "DJ Waltrapas" o cualquiera de los que pinchan se pone a los platos, para cobrar entrada. Imaginen, 15 € entrada más copa, 10 € con flyer que conseguirás si te ponemos en casa un audímetro trucado que sólo recoja la señal de TVE. De nada, Carmen.
Al hilo de estas cuestiones musicales, hoy, día en el que ha pasado a mejor vida el Papa Clemente, aquél que desde el Palmar de Troya renegó de la doctrina católica por considerar que la iglesia de Roma estaba poseida por el Anticristo y los comunistas, una soterrada amenaza se cierne sobre el mundo en forma de profecía. El panorama de la peor calaña musical se ha visto enriquecido con la presentación en sociedad de un nuevo pseudogrupo: las "Nancys Rubias". Para comprender el nivel de basura que se puede esperar, en el pertinente artículo publicado en elmundo.es podrá comprobarse que el grupito sacó un disco porque "no les gustaba lo que ponían en las discotecas". Hay que joderse, porque temo no equivocarme al decir que en menos que canta un gallo, serán, junto con las Supremas de Móstoles, María Isabel y ese crimen que es el reggaetón, lo que sonará en todos los garitos del país. Acabo de encontrarle sentido a toda esta parrafada: ¡VIVA EL BOTELLÓN!

"Tened cuidado, Telemandril os vigila"


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home